TRÍPTICO DE DUELO
TRÍPTICO DE DUELO
Alonso
Tobón García
NOVELA |
2026 | COLOMBIA
Desde
muy pequeño, cuando empecé a tener conciencia de la existencia de la muerte, invadieron mi mente pensamientos sobre cuándo y cómo dicho suceso iba a alcanzar a
alguno de mis familiares. Cuando la muerte extendió sus brazos a mi madre, hace
apenas cinco años, sentí que el mundo se caía a pedazos, pero había algo
curioso: no lloré.
Cinco
años después, sigo sin llorar. Mi duelo lo llevo de una forma totalmente
distinta, que, sinceramente, sigo sin entender. Y fue ahí donde conecté con la
novela de Alonso Tobón.
Tríptico de duelo es la primera novela del escritor colombiano Alonso Tobón, en la cual el protagonista, a muy temprana edad, sufre la pérdida de su padre. Estando en el lugar y momento equivocados, una bala perdida termina con su vida. A través de los tres capítulos del libro —Máscaras, Aramís y Flores—, el protagonista nos guía por ese pequeño fragmento de su vida que le cambió para siempre.
La
novela tiene algo mágico: muestra cómo un niño, en medio de la violencia y la pérdida,
se aferra a su imaginación. Gracias a los juegos con sus primos y las charlas
con la abuela, logra volverse impermeable al dolor y al llanto. Esto termina
siendo una parte con la cual, estoy seguro, la mayoría de nosotros en Latinoamérica,
nos podemos sentir identificados: la idea de que el hombre no llora.
“Yo
aprendería que los hombres de la casa no lloran con lágrimas, lloran seco y por
las mañanas, cuando nadie los ve”.
Tobón
utiliza una prosa con un tono profundamente realista que te hace sentir parte
de la historia, especialmente si alguna vez tuviste una pérdida cuyo duelo aún
sigues cargando. Lo más llamativo de la novela es observar cómo, en medio del
caos y de la inseguridad, uno puede crear una especie de burbuja: una realidad
paralela donde está prohibida toda entrada de dolor. Lo que termina prevaleciendo
es la idea de que hay que seguir viviendo a pesar de los males.
Otro
aspecto que toma protagonismo es cómo la muerte de su padre, a muy temprana
edad, obliga, en cierta forma, al protagonista a asumir el rol de hermano mayor
y de primer hijo. De pronto siente el peso de convertirse en “el hombre de la casa”,
haciéndose cargo de las personas que lo rodean.
Una novela muy recomendada, la cual te hace reparar en que el
duelo también tiene sus propias formas de lenguaje y que hay tristezas que todavía
no han visto lágrimas.
SUSURROS DE PÁGINA
“Me parecía que
eso también era un presagio mal leído: mi papá se murió y la luz se fue; tocaba
alumbrar las casas como si todas las noches fueran un velorio”
“Yo aprendería que
los hombres de la casa no lloran con lágrimas, lloran seco y por las mañanas,
cuando nadie los ve”
“Con el pájaro aprendí
que morirse no es elegante: uno se desgonza de repente y así se queda a menos
de que alguien lo ponga a uno en el pasto, al lado de un árbol, o en un ataúd
blanco o de caoba claro, d igual. Morirse implica que alguien más lo tiene que
arreglar a uno, para que el cuerpo parezca que no está muerto, sino dormido”
“Pero había unas
tumbas grises, que parecían olvidadas y a mí me da lástima los muertos
olvidados: esa es la muerte absoluta”
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