YO QUE NUNCA SUPE DE LOS HOMBRES
Título: Yo, que nunca supe de los hombres
Autor: Jacqueline Harpman
Género:
Novela de ciencia ficción
Año
de publicación: 1995
“Estamos privadas de todo lo que hace de nosotras seres humanos…”
Originalmente escrita en francés bajo el título Moi qui n'ai pas connu les hommes, es una novela de ciencia ficción escrita por la
escritora belga Jacqueline Harpan. Fue su primera novela en ser traducida al
inglés bajo el nombre Mistress of Silence
en el Reino Unido. La mala experiencia que tuvo durante la Segunda Guerra
Mundial, por ser judía, la inspiró a escribir esta novela: unas mujeres
prisioneras dentro de una celda subterránea en un mundo postapocalíptico
después de una catástrofe.
La narración está a cargo de la menor de las 40 mujeres encerradas, a la cual la llaman “la pequeña”, sin tener un nombre definido. Muchos años después, ya siendo anciana, deja por escrito cómo fue su vida durante el encierro y después de que queda, de manera inesperada, en libertad. Una libertad que termina siendo efímera.
La novela está
claramente definida en dos partes: la convivencia de las mujeres estando
encerradas, describiendo un poco la personalidad de alguna de ellas, de sus
comportamientos y su relación entre ellas. La segunda parte se centra en cómo
esa relación cambia una vez que son libres y buscan sobrevivir en un mundo,
aparentemente, deshabitado, siendo las únicas sobrevivientes.
La novela a simple vista
tiene una temática postapocalíptica: un mundo que pasó por una guerra y una sociedad que dejó de existir. Un grupo de mujeres encerradas, privadas
de toda libertad, y unos hombres que las mantienen vigiladas. Un día los
hombres desaparecen y las mujeres quedan libres: comienzan a conocer un mundo
que les es ajeno. Acá es donde la temática deja de ser netamente un thriller o un suspenso. La protagonista es la condición
humana: la novela la explora mostrando qué pasa cuando las personas son
alejadas de su historia y cultura; qué significa ser humano en un mundo donde
no hay lazos familiares, no hay amor ni comunidad. Acá entra el concepto de
libertad, que muchos asociamos netamente a un espacio físico, pero va mucho más
allá, dejando entrever que el ser humano también pierde dicha libertad al no tener conexiones, lazos, una
cultura o historia a la cual aferrarse.
Esto se ve reflejado en
varias partes de la novela; se menciona que no se recuerda el pasado y, al
momento de intentar hacerlo, se cuentan historias, pero de manera repetida,
dejando evidencia de que el ser humano nació para ser un storyteller y que, sin
esto con otros seres humanos, la condición humana tampoco llega a existir en su
plenitud. No nacimos para estar en soledad, sino en comunidad. Al crecer sin
códigos morales, costumbres y tradiciones, nos deja sin una identidad
definida.
La novela es rápida de
leer y se le pueden dar diferentes interpretaciones. Es una historia semejante
a los cuentos de la criada. Eso sí:
es una novela plana, no hay acción y una explicación del porqué del encierro de
las mujeres y dónde están. El lector tiene que abrir su mente.
Frases importantes:
“¿Habrá en el trabajo de la memoria una satisfacción que
se alimenta de sí misma y aquello que recordamos es menos importante que la actividad
de recordar?”
“Yo me tengo que limitar a llamar recuerdo al sentimiento
de existir en un mismo lugar, con las mismas personas, haciendo las mismas
cosas, que eran comer, evacuar y dormir”.
“Allí me atravesó algo inmenso, un éxtasis tan desmesurado
que parecía más grande que yo misma, una luz inaudita explotó en mi cuerpo, me
quedé sin aliento… y lo volví a recuperar enseguida, porque fue algo
desesperadamente breve.”
“Era a un tiempo inventora del relato, narradora y la
oyente que necesitaba el impacto del asombro.”
“Comprendía que intentaba desestabilizarme con el peso de
su mirada y su silencio.”
“Si todo lo que nos separa de los animales es poder
esconderse para defecar, la condición humana no parece ser gran cosa, pensaba”.
“Pensaba en los años, en la pena, en los esposos perdidos,
en los niños que no habían vuelto a ver, en mi madre, ya que a la fuerza había
tenido una. No la recordaba, solo sabía que tenía que haber existido alguien a
quien llamaba mamá, que no estaba en esta cárcel. ¿Habría muerto?”.
“Sin tener nada en sus vidas, tomaban lo poco que llegaba
y lo exprimían al máximo, aprovechando cada brizna de realidad para alimentar
sus espíritus hambrientos”.
“Se dieron cuenta de que, a fuerza de tener miedo de
pensar en ello, a causa del dolor, lo habían olvidado casi todo”.
“Habían deseado algo toda su vida, pero en lo que les
estaba ocurriendo no reconocían lo que habían esperado. Quizá cuando se ha
conocido una vida comprensible, es difícil familiarizarse con la extrañeza”.
“Descubría la soledad física, tan trivial para la
humanidad ordinaria y que nunca antes había conocido. Me gustó en el acto”.
“Y entonces me embargó otra inquietud, el sentimiento de
un vacío infinito, el vértigo y el temor de caer en esta extraña oscuridad,
revoloteando eternamente en la nada”.
“Me dije que, si no habíamos muerto todas, es porque el
dolor no mata”.
“Se instauró una melancolía sorda, creo que se preguntaban
qué sentido tenía afanarse con las tareas de la vida cotidiana en esta tierra
extraña en la que solo las esperaba una tumba”.
“Solo conozco la llanura pedregosa, el deambular y la
lenta pérdida de la esperanza, soy el retoño estéril de una raza de la que no
sé nada, ni siquiera si ha desaparecido”.
“Estamos privadas de todo lo que hace de nosotras seres
humanos…”
“Seguramente me falten algunas de las experiencias que nos
convierten en seres humanos”.
“Se preguntaba
cuándo habíamos comprendido que estábamos tan irreductiblemente encerradas al
aire libre como detrás de la reja”.
“La muerte a veces es tan discreta, llega sin ruido, solo
se queda un momento y se marcha con su presa. No distinguí el cambio”.
“Lo que se vencía no era el cuerpo, sino el alma, cada vez más cansada de mover los músculos, de hacer latir el corazón, de realizar todas las tareas de la vida, el alma que no se alimentaba de nada desde hacía tanto tiempo”.
“Subí lentamente,
pues sentía una extraña nostalgia que tiraba de mí hacia atrás”.
“Estaba tan encerrada al aire libre en esta tierra
desierta como lo había estado en la jaula la primera parte de mi vida”.
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