LA URUGUAYA

 

Título: La uruguaya
Autor: Pedro Mairal
Género: novela literaria.
Año de publicación: 2016

“Entendí que prefería tocar bien el ukelele que seguir tocando mal la guitarra, y eso fue como una nueva filosofía personal. Si no podés con la vida, probá con la vidita. Se me había vuelto todo demasiado complejo. Me quedaba grande toda esa vida que habíamos levantado juntos, Cata”.


La uruguaya es la primera novela que leo del autor argentino Pedro Mairal, publicada en el año 2016. Galardonada con el premio Tigre Juan en 2017, se centra en el protagonista Lucas Pereyra, un autor porteño, casado con Catalina, de cuya relación nace el hijo de ambos llamado Maiko. El protagonista tiene que ir a Montevideo a recibir unos dólares que, por situaciones cambiarias de la época, no le conviene hacerlo en Argentina. Pero Lucas también tiene un motivo que nadie sabe: reencontrarse con un “viejo amor” que conoció tiempo atrás en el país vecino. Lastimosamente, las cosas no le salen como quiere.


Uno de los puntos interesantes de la novela es que es narrada en primera persona, por Lucas, y dirigida a una segunda persona, "vos", que sería su esposa, Catalina.  Aunque el libro se divide en varios capítulos, hay dos grandes partes muy reconocibles: la primera parte del libro se centra en los acontecimientos previos a su viaje a Montevideo, durante el viaje y sus primeras horas en dicha ciudad. La segunda parte es cuando al fin se encuentra con Guerra, la uruguaya. Es acá donde la novela se vuelve más interesante, por ende, más rápida para leer. Es un personaje que puede causar dos efectos: amor u odio, aunque seguramente se vayan más por lo último.

Desde el primer momento se nos muestra un personaje que, al estar en los 40, sufre una crisis existencial que lo lleva a replantearse su vida. Una de las cosas que decide hacer es tener una  relación extramatrimonial. Como se ve a lo largo de la novela, estando en Uruguay, Lucas toma ciertas decisiones hasta un punto en que nos planteamos: ¿Ha perdido la razón? ¿Lo hace realmente porque está enamorado de su “amante”? ¿Lo hace solo por un encuentro casual? No dudo para nada en las crisis que desata la edad, tanto en hombres como en mujeres, pero en algún punto de la novela se  llega  a un punto de inflexión en donde dejamos de sentir la empatía por el personaje, y deseamos con todo el corazón que deje de ser un “pelotudo”, como dirían los argentinos.

En el club de lectura en el cual discutimos la novela, llegamos a concluir que, efectivamente, son todas las situaciones por las que atraviesa el protagonista, basadas dentro de sus propias acciones, lo que conlleva que sea un personaje odiado. Un odio sustentado, en parte, en que ya pasados los 40 años las personas deben ser racionales y tener propósitos claros en la vida, algo de lo que el personaje carece. Ahora, la pregunta es: ¿Realmente creemos que a nuestros 40 años vamos a tener todo claro en la vida y no vamos a cometer errores? Cuando teníamos 15 años, pensábamos que a los 30 íbamos a tener la vida resuelta. Quizás a los 40 tengamos ciertos vacíos que nos faltaría  llenar y, quizás, tal vez quizás, nos demos cuenta de que todavía nos faltaría mucho por recorrer, y que el tiempo es diferente para cada una de las personas, recalcando esa singularidad inherente de cada uno de nosotros.


Una novela fácil de leer, cero complicada, tiene un desenlace que para algunos resultó muy predecible. Si llegase a existir una versión de libros de “película dominguera”, este sería ese tipo de libros.

Frases que más me gustaron:

“Estabas harta de mí, de mi nube tóxica, mi lluvia ácida”.


“¿En qué momento se fue volviendo paralítico el monstruo que éramos vos y yo?”.

“Estábamos al lado, pero inalcanzables, como en dos planos distintos de la realidad”.

“Cuando dos personas se atraen, una extraña telekinesis abre entre ellos un camino que aparta todos los obstáculos”.

“Otra frase que atravesó el invierno helado sin dejar de quemar”.

“Me gustan así medio gastaditos por la vida, como los jeans”.


“Estoy tirando chistes por puro patetismo, para negar mi muerte. Quiero morir haciendo reír a mis verdugos”.


“Y no es porque tengo miedo de que me lastimes, es que no quiero que me duela nada, no quiero extrañarte. No quiero extrañarte”.


“Todos lloramos. En lágrimas que van a dar a la mar, que es el morir”.

“Cuando alguien te patea, quedás alerta como si no hubiera nadie de tu lado, y cuando de pronto alguien te trata bien, bajás la guardia y te desarmás. El cariño te derrumba”.

“Entendí que prefería tocar bien el ukelele que seguir tocando mal la guitarra, y eso fue como una nueva filosofía personal. Si no podés con la vida, probá con la vidita. Se me había vuelto todo demasiado complejo. Me quedaba grande toda esa vida que habíamos levantado juntos, Cata”.

 

 

 

 

 

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