CHAMANES ELÉCTRICOS EN LA FIESTA DEL SOL

 


Título: Chamanes eléctricos en la fiesta del sol
 Autor: Mónica Ojeda
 Género: novela literaria
 Año de publicación: 2024

“Nunca había escuchado una música oceánica, geológica e intergaláctica. Hasta los meteoritos cantaron en el espacio y yo escuché atónito su canción”.

En un mundo desolado por monstruos naturales —terremotos, erupciones volcánicas— y monstruos humanos —narcobandas, asesinatos y violencia—, ¿Qué mejor  refugio que internarse en la base de un volcán extinto,  en los páramos ecuatorianos? Esta es la premisa principal del libro Chamanes eléctricos en la fiesta del sol. En Guayaquil, año 5550 del calendario andino, una ciudad asolada por la violencia, viven Nicole y Noa. Juntas deciden irse a la quinta edición del festival andino Ruido Solar por siete noches y ocho días en la base de un volcán. No solamente quieren escapar de una violencia que azota a varias ciudades del país, sino que Noa quiere enfrentarse a otro monstruo, uno más íntimo: su padre, que la abandonó cuando apenas era una niña.

La novela está compuesta por capítulos que se van alternando: unos narran el punto de vista de cada uno de los personajes que se van al festival del Ruido Solar; otros, llamados “cuadernos del bosque alto”, son diarios escritos por el padre de Noa. Cada uno de los capítulos tiene como motor principal a Noa, la cual es descrita por los personajes con una mirada externa, lo que hace que ella no tenga una voz propia dentro de la obra. Esto es una de las primeras cosas que llaman la atención: la historia  es contada por múltiples voces, incluso la de las cantoras, dándole un toque único y rico a la descripción.

La novela habla de diversos temas: violencia, misterio, un tipo de horror sutil, sujeto a la imaginación del lector, donde no todo es lo que parece. Uno de los mensajes principales de la novela es ver cómo el ser humano, encontrándose en situaciones adversas y desoladoras, busca mitigar todo el dolor que siente a través de nuevas experiencias, nuevas aventuras, nuevos sonidos, resultando también perjudiciales, aunque se terminen aceptando, ya que es el único espacio que nos acepta con nuestras imperfecciones.

Mónica Ojeda tiene esa capacidad de ambientar sus novelas en una especie de horror, en donde el peor enemigo de todos es nuestra propia mente, que nos hace ver  respuestas y la salvación en los lugares y situaciones menos pensadas y peligrosas. Es un libro altamente recomendado, como todo lo de la autora. No cabe duda de por qué Mónica Ojeda es catalogada como uno de los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 40 años.

Con la novela estuve dos semanas en medio de un horror descrito con un lenguaje poético, psicodélico e íntimo gracias al empleo de la lengua quechua, que al principio te hace ir lento, pero después te lo terminas en una sentada. Estuve dos semanas bailando con los diablumas en El Atar, mientras mi realidad estaba llena de sombras y oscuridad. Segundo libro de la autora que no defrauda.

 

Frases resaltadas de la novela:

“Noa y yo subimos la cordillera para recordar que tenía que haber algo más en la vida que la muerte. Tenía que haber algo distinto a los cuerpos pudriéndose en las calles y en las casas, algo que nos permitiera refugiarnos de lo que el terror y la crueldad estaban haciendo con nosotras. Subimos para conmovernos y encontrar esperanza en el placer, pero el Ruido nos trajo una música violenta que seguía imponiéndonos su ritmo”.

“El oído es el órgano del miedo”

“Ignorábamos lo difíciles que podrían ser los cambios, la llaga que queda en uno cuando se abandona lo que es propio. Nadie se va del sitio donde alguna vez puso su atención: uno se arranca del lugar de origen llevándose un pedazo”.

“Noa y yo conocíamos ese ciclo: el de la belleza que surge del fondo del desastre,reptando, como si cargara piedras en el estómago”.

“El dolor te confronta con lo que necesitas”.

“A veces me acuerdo de esa tarde y siento miedo. Miedo de cómo somos justo antes de que una experiencia nos cambie”.

“Estar a salvo es distinto a estar vivo”.

“Cada quien lleva a cuestas su mal y lo danza. Cada quien se mueve con el peso de lo suyo”.

“¿Cómo hago para domar a mi diablo? Y él me respondió: “Pregúntale al Volcán cómo es que duerme con ese fuego”.

“Hay que decirle al mundo que está bien sufrir y que si no sufriéramos ninguna cosa nos emocionaría, ni siquiera la música, y qué clase de vida de mierda sería esa sin emoción, sin levantamiento del cuerpo…”

“Hay que dejar que lo que está vivo respire y colee, incluso si eso significa que se vaya, no importa, lo que se va es más hermoso todavía que lo que se queda”.

“Aprendamos a amar lo que se va, dejémonos romper el corazón por lo hermoso: es el único dolor que vale la pena sufrir, el único que deberíamos proteger”.

“El amor no se reclama, el desamor no se cuestiona”.

“El terror es escuchar y no comprender, sentir el peligro sin saber qué es el peligro”.

“Ahora sé que lo que más nos hiere son las ideas que tenemos de las personas. Lo que duele es lo intangible: lo que imaginamos que amamos y odiamos en nuestras horas de mayor indefensión”.

“Solo el sentido calma esa clase de dolor, pero el sentido es una mentira que nos contamos mientras los terremotos y las erupciones destruyen nuestras casas”.

“Eso es lo que trae el abandono: el miedo a que el amor no sea fuerte sino débil”.

“Es triste llamar a lo que no responde. Triste y demente”.

“Se debe llorar mucho para alcanzar el sol, cantaban las cantoras: los volcanes son los lagrimales de la tierra”.

“Dicen que sentir mucho es riesgoso, solo que estar a salvo no es vivir. Estar a salvo es estar muerto”.

“No hay que avergonzarse del miedo que te saca de un empujón la sombra. Miedo da enfrentarse al propio diablo, ser quien uno no quiere ser ante los demás, saber por qué nos abandonan. El rechazo da terror, pero nos obliga a ser humildes”.

“Uno ama fuerte lo que va a morirse, es algo que se sabe. Uno baila para que su amor no sea débil frente a la muerte”.

“Yo quería sacarme ese corazón, pero a la vez necesitaba sentirlo durante el poco tiempo que fuéramos a compartir juntos en esta tierra y eso era el amor: lo brevísimo, un canto triste guardando lo perdido y lo que perderemos”.

“La mayor parte del tiempo ni sabemos lo que suena en nosotros, pero ahí se queda sonando y es un ruido de la conciencia que ninguna otra persona escucha”.

“El olvido me molesta, la disolución de la conciencia y de sus marcas sobre las piedras que elijo. Nada debería borrarse, pienso, todo debería permanecer”.

“He llegado a pensar que, al igual que los ciervos, las palabras tiemblan y corren si se las apunta con un rifle. Son veloces. Cuando las escribo puedo domesticarlas”.

“El afecto es frágil. Para protegerlo, lo fingimos”.

“Supe que únicamente podía cuidar bien de aquello que estaba muerto”.

“Somos inconscientes de todas las veces que falseamos lo que sentimos solo para ver si el amor nos nace”.

“Escribir es inventarse un habla que no tienes y unos oídos que no están”. 

“Las intenciones con las que limpiamos nuestros corazones son oscuras”.

“Escribir sobre alguien es poner un peso encima del ser: es colocar a la persona por debajo de las ideas que uno se ha hecho sobre ella, echarle sin pena ni miedo el ojo de Dios”.

“Un nombre designa, insufla vida en el cuerpo. Es una palabra que se hace músculo y ese músculo es nuestro. Si nos nombran, adquirimos sonido y significado. Tenemos aliento, propósito, espíritu. Podemos correr, mirar, saltar, echarnos en la hierba o en un catre y ser algo para alguien”.

“el silencio es como un cadáver abriendo los ojos, algo que parece imposible y que te paraliza”.

“El silencio es muerte y también una pausa”. “El silencio es solo una pausa. Lo que viene después es por fuerza violento”.

“Los días son largos cuando uno espera lo que no desea”.

“La culpa es un fantasma que abre los ojos por las noches”.

“La soledad es no tener nada que decirles a las personas que quieres”.

“Nosotras hacíamos la vida lo mejor que podíamos, aunque a veces sacábamos de la tragedia un estímulo extraño”.

“Es tonto pensar que dos dolores pueden ser colocados en una balanza o que alguien puede determinar qué herida es mejor que otra. No hay herida que sea mejor y cualquier daño echa raíces dentro de nosotros. Un padre puede hacernos mal tanto yéndose como quedándose: mi envidia era injusta, aunque supongo que toda envidia lo es”.

“Lo que quería era escapar, pero escapar no era un sitio en donde poder quedarse. La huida va hacia lo incierto como la yeguada bajo la tormenta: si uno quiere sobrevivir, debe encontrar un refugio, un punto en el que guarecerse”.

“Es bien sabido que lo que no se va, se arraiga dentro de uno”.

“Cuando el cuerpo baila, no siente dolor, por eso la fiesta se arma encima de la muerte”.

“La música y el baile salen del más allá para devolvernos las ganas de vivir. Sin la pérdida no habría nada sonando ni nada bailando. Ciegos estaríamos si no sufriéramos. Ciegos y sordos”.

“Uno nunca le hace caso a lo que debería. Uno quiere equivocarse para tener algo que contar, para bailarle encima al error. Y al error le bailamos”.

“Qué cerca está el amor de la destrucción. Qué cerca está el amor de la pérdida”.

“¿Qué es el amor? La voz es. ¿Qué es el amor? La falta es. ¿Qué es el amor? La pérdida es”.

“Amar a alguien es un camino oscuro, no importa lo que digan, y darse la mano en la noche no salva”.

“Es vergonzoso para un hombre olvidar los ojos que lo miraron con necesidad, la frente que tantas veces besó”.

“la culpa pesa menos que el sacrificio, que hay obligaciones que crean una tristeza que poco a poco va transformándose en desolación”.

“Todos limpiamos nuestro corazón de pájaros nocturnos”.

“La genética tiene un lado tenebroso: el del gesto muerto hace años que resucita en el cuerpo de un ser vivo”.

“El peligro de hablar es el de terminar pronunciando las palabras equivocadas. El silencio, en cambio, no se equivoca nunca”.

“El pasado ataca no solo con recuerdos, sino con sensaciones”.

“Las palabras que son pronunciadas violentan la divinidad del silencio. Las palabras escritas la protegen”.

“Una ciudad agresiva e injusta deforma el carácter: dejas de sentir el daño que haces y el que te hacen, miras con recelo al prójimo, temes y odias a lo que temes”.

“a todo puede acostumbrarse una persona menos al desamparo que lleva adentro y, en medio del valle, aparentemente retirada de la violencia, yo me sentí desamparada”.

““Uno se alegra de cosas así cuando ya no hay futuro del que alegrarse”.

“pero a veces irse significa renunciar a volver”.

“Pero la música pide un sacrificio y una resurrección, le exige a la vida seguir después de la muerte”.

“La música va de ese sacrificio y se alimenta de lo perdido igual que el zorro: hace que la pena sea rabiosa y conmovedora e incluso alegre, ajá, porque si la sentimos es que algo aún guardamos dentro que nos hace cantar, algo sensible dispuesto a surgir de las cenizas para retornar de otra forma”.

“El amor no puede petrificarse, apenas es una flor y no sobrevive cien años, no alcanza la edad de la obsidiana, ni la del hielo del Chimborazo, ni la de los picos del Altar. El amor es más corto que nosotros, puede llegar a ser más grande, pero nunca más viejo”.

“Es atroz sobrevivir a lo que nos hace delicados, es pavoroso que la vida siga después. Yo no quise que nos acabáramos, Carla. Por ti fui humano de nuevo”.

“No queríamos borrar lo doloroso, solo sobrevivir a los relámpagos”.

“Sentí compasión por nosotros. El mal del rayo es saber que después del relámpago la noche sigue”.

“A veces duele el sentimiento que no está, el vacío que debería permanecer ocupado”.

“Una herida descubre el paisaje interior que ignoramos. Estar herido es el precio de la revelación”.

 

 

 

 

 

 

 


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