PEDRO PÁRAMO
Título: Pedro Páramo
Autor:
Juan Rulfo
Género: novela literaria
– novela revolucionaria
Año
de publicación: 1955
“Lo que acontece es que se la pasan encerrados. De día no
sé qué harán; pero las noches se las pasan en su encierro. Aquí esas horas
están llenas de espantos. Si usted viera el gentío de ánimas que andan sueltas
por la calle. En cuanto oscurece, comienzan a salir”.
Pedro Páramo es una relectura. Ha sido el
segundo libro leído en el 2025 y, antes de empezar la reseña, cabe recalcar que
es mi libro preferido desde hace muchos años.
Es un libro con el cual he llegado a conectarme de diferentes formas: la
primera vez que lo leí, logré conectar con muchas de sus frases que me
parecieron maravillosas y que podían perfectamente contar una historia dentro
de las fotografías que yo tomaba y cada vez que lo leía era una conexión
distinta. Esta última vez que lo leí, logré conectar con otro sentimiento: la
muerte de mi madre hace unos 4 años aproximadamente.
Juan Nepomuceno Carlos Perez Rulfo Vizcaino, más conocido como Juan Rulfo, fue un escritor, guionista e incluso un fotógrafo mexicano nacido en 1917 en Apulco, Estado de Jalisco, México. Publicó por primera vez Pedro Páramo en 1955, siendo su primera gran obra. La novela hace parte de la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX del periódico español El Mundo y ha sido traducida a más de 30 idiomas, siendo un clásico del realismo mágico y de la llamada novela revolucionaria.
Pedro Páramo narra la historia de Juan Preciado que, al quedar huérfano, va en busca de su padre, Pedro Páramo, y también narra la vida de este último, un cacique autoritario dentro de Comala. Esto hace que la novela esté contada desde diferentes visiones: primero por parte de Juan Preciado, llegando a Comala y encontrándose con varios habitantes de aquel pueblo que le resultan extraños y misteriosos. También está contada por el lado de Pedro Páramo, mostrando una parte de su niñez y su amor por Susana San Juan, hasta su evolución en un temible cacique durante la revolución y post-revolución mexicana. Por otro lado y no menos importante, la historia es contada por algunos personajes del pueblo que fueron testigos de varios acontecimientos claves durante la historia. La novela está caracterizada por tener saltos en el tiempo, logrando una atmósfera inquietante donde no sabes qué está vivo y qué está muerto.
Uno de los temas principales es la muerte: Comala es un lugar de fantasmas, los cuales coexisten con los vivos, lo que denota un rastro distintivo del realismo mágico. La muerte lo es todo dentro de la novela, empezando por la muerte de Doloritas Preciado, la mamá de Juan Preciado, y siguiendo con la muerte de cada uno de los personajes protagónicos de la novela, sin tener esto un orden en específico. También la soledad y el abandono son temas recurrentes, sufridos tanto por el mismo pueblo como por sus personajes. Cada uno de ellos sufre una especie de abandono en su vida, que los convierte en fantasmas errantes cargando con culpas propias y ajenas.
Durante una
entrevista, Rulfo explica la razón de su grado de fascinación con la muerte y
la respuesta me genera una especie de tristeza y a la vez admiración a como el
autor logra plasmar lo que vivió en un libro y convertirlo en un boom literario. A continuación dejo un
fragmento de la entrevista:
¿Y por qué la obsesión de la muerte?
..
-Tal vez fue cosa de la infancia. Mi abuelo murió cuando yo tenía cuatro años;
tenía seis cuando asesinaron a mi padre porque, tú sabes, después de la
revolución quedaron muchas gavillas. Mi padre tenía autorización para confirmar
del obispo de Papantla, pues en tierras agitadas podían delegar ese sacramento
en los seglares. Recaudaba el dinero de las confirmaciones y lo daba a los
curas. Regresaba de una gira cuando fue asaltado y muerto por los gavilleros.
Tenía treinta y tres años. Mi madre murió cuatro años después. Entretanto
mataron a dos hermanos de mi padre. Luego, casi en seguida, murió mi abuelo
paterno. Murió de tristeza porque al que más quería era a mi padre, su hijo
mayor. Otro tío mío murió ahogado en un naufragio, y así, de 1922 a 1930 sólo
conocí la muerte.
Otro de los temas es el rol del hombre tiránico dentro de una familia mexicana, como lo era Pedro Páramo, cuyo poder no solo se reflejaba dentro del hogar, sino que echaba raíces en todo el pueblo, llegando incluso a acabar con él. Esto demuestra el poder, la corrupción y el machismo existentes en México. Por otro lado, se muestra la parte vulnerable de Pedro Páramo: su amor por Susana San Juan y cómo la pérdida de esta lo lleva a un grado de locura y delirio.
La novela se destaca por tener un lenguaje poético que proyecta emociones y sentimientos en pocas palabras. De hecho, el mismo autor en una entrevista menciona que Pedro Páramo posee una estructura de silencios, de escenas cortadas y que llegó a eliminar algunas páginas de las 250 originalmente escritas, terminando con 132 páginas de manera oficial, queriendo que fuera una novela donde pocas palabras pueden llegar a decir mucho.
Una novela altamente recomendada que merece no solo una lectura, sino varias. Es el tipo de novelas que en cada relectura el significado y la conexión que logras tener son distintos, provocando que, gracias al realismo mágico, te eleves a otro mundo, olvidándote que sigues en el mundo de los vivos.
P.D. El autor también era fotógrafo y todas las fotografías que están en esta reseña fueron tomadas por Rulfo. Si leemos la novela, logramos entender la casi obsesión que tenía el autor. por la zona rural mexicana y como sus fotos perfectamente pueden ser de cualquier personaje o situación, no solo de Pedro Páramo, sino también de sus otros cuentos.
Por otro lado,
recomiendo mucho la película que salió el año pasado en Netflix, aunque hay
ciertas partes o frases del libro que no se llegan a mencionar (por lo que pude
notar), el retrato de esa Comala fantasmagórica, ese sentimiento de vacío y
soledad está fielmente reflejado.
Frases que más me
gustaron de la novela:
“Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi
madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella
suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió”.
“Aquello está
sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que
muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno, regresan por su
cobija”.
“¿Quién es? -volví a preguntar. —-Un rencor vivo me contestó
él”.
“Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la
camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los
bordes; pero fue el único que conocí de ella”.
“Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque
aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de
ruidos y de voces”.
“Mi madre —-dije-, mi madre ya murió. —-Entonces ésa fue
la causa de que su voz se oyera tan débil, como si hubiera tenido que atravesar
una distancia muy larga para llegar hasta aquí”.
"El día que te fuiste entendí que no te volvería a
ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo
ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces
me dijiste: 'Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber
nacido en él'. Pensé: 'No regresará jamás; no volverá nunca.'"
"¿Ya
murió? ¿Y de qué? No supe de qué. Tal Vez de tristeza.
Suspiraba mucho. -Eso es lo malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que
uno se deshace.
“¿Qué es lo que quiere que le mire? -¿No me ve el pecado?
¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba a abajo? Y
eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo”.
“Pero es tan violento y vive tan de prisa que a veces se me
figura que va jugando carreras con el tiempo. Acabará por perder (...)”
“Nunca quiso revivir ese recuerdo porque le traía otros,
como si rompiera un costal repleto y luego quisiera contener el grano”.
“Quiero creer que todos siguen siendo creyentes; pero no
eres tú quien mantiene su fe; lo hacen por superstición y por miedo”.
“Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración;
las palpitaciones y suspiros con que ella arrullaba mi sueño . . . Creo sentir
la pena de su muerte . . . Pero esto es falso”.
“Estoy aquí, boca arriba, pensando en aquel tiempo para
olvidar mi soledad. Porque no estoy acostada sólo por un rato. Y ni en la cama
de mi madre, sino dentro de un cajón negro como el que se usa para enterrar a
los muertos. Porque estoy muerta”.
“La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie
anda en busca de tristezas”.
"Sentí que se abría el cielo. Tuve ánimos de correr
hacia ti. De rodearte de alegría. De llorar. Y lloré, Susana, cuando supe que
al fin regresarías."
“Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce por
sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo.
—Éste es uno de esos pueblos, Susana”.
"Allá, de donde venimos ahora, al menos te
entretenías mirando el nacimiento de las cosas: nubes y pájaros, el musgo, ¿te
acuerdas? Aquí en cambio no sentirás sino ese olor amarillo y acedo que parece
destilar por todas partes. Y es que este es un pueblo desdichado; untado todo
de desdicha”.
“Este mundo que lo aprieta a uno por todos lados, que va
vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si
rociara la tierra con nuestra sangre. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha
podrido el alma?”.
“Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por
intenso que sea que no se apague”.
“¿Por qué ese recordar intenso de tantas cosas? ¿Por qué
no simplemente la muerte y no esa música tierna del pasado?”
“Dicen que los pensamientos de los sueños van derecho al
cielo. Ojalá que los míos alcancen esa altura”.
“¿Ya me voy a morir? -Sí, hija. -¿Por qué entonces no me
deja en paz?”.
“Estaba acostumbrado a ver morir cada día alguno de sus
pedazos”.
“Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre”.
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